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Updated: May 9

Sobre "El color prohibido" de Yukio Mishima


La belleza sale del mar y llama consigo las llamas de la muerte que el escritor Shunsuké cree que puede manipular y salir indemne.
La belleza sale del mar y llama consigo las llamas de la muerte que el escritor Shunsuké cree que puede manipular y salir indemne.

Si el deseo se pudiera reducir a las instituciones sociales que nuestras sociedades han construido, sería tan fácil armar el camino hacia un futuro personal donde uno alcanza tanto la prosperidad como la realización espiritual, personal e intelectual. Pero sería todo tan plano. Seríamos tan solo carne muerta andando entre paredes cómodas. Seríamos una paleta de colores plana, sin contrastes... siempre armónica... siempre callada.

¡Qué delicia existir entre el dolor y la excitación para caer en valles de melancolía, o para ascender a mesetas de resposado contento... recordando los brotes de odio y amor entre los pastizales salvajes !


En 1951, Yukio Mishima publica la novela Kinjiki... en la traducción al español El color prohibido. La traducción de Keiko Takahashi y Jordi Fibla se concentra en esta manera de entender el título original y que se refiere (sí, lo confieso, según Wikipedia, ya que no conozco el japonés) al tipo de colores que se prohibía a ciertos miembros de la corte llevar. Pero el kanji que aquí se traduce como "color", también se refiere al "amor erótico"... lo que es más, "kinjiki" también es una expresión que puede entenderse como "amor homosexual", como indican los traductore en la introducción a la edición de Alianza.


En mi breve contacto con la literatura japonesa, encuentro uno de esos casos en que lo prohibido parece haberse convertido en uno de los centros en los que se aglutina simbólicamente la cultura... la temática homosexual ya en 1687 aparecía en el centro de la representación de El gran espejo del amor entre hombres, de Ihara Saikaku.

¡Cuán sencillo sería afirmar que la novela de Mishima es simplemente una representación del amor homosexual como "prohibido"! Pero yo leo la novela como un estudio sobre los territorios del deseo que escapan a lo convencional. Se desprendería que la homosexualidad es el tipo de deseo perteneciente a esos territorios por antonomasia. Lo cierto es que la novela de Mishima conduce al lector a lo largo de territorios oscurísimos y crueles por los cuales flota el deseo, mezclándose con estructuras de clase en una sociedad modernizada en cuyo trasfondo aún resuenan ecos de antiguas tradiciones.

El color prohibido distaría mucho del tipo de obra que se propone acercar la homosexualidad a cualquier otro tipo de amor entrañable y convencional. Quizás tras esta actitud está la controversial naturaleza de las opiniones políticas de este autor, hijo de una noble familia samurai y que, para algunos, se habría propuesto la crítica del Japón moderno por su materialismo, tan occidental, a ultranza. Sea cual sea la circunstancia y la intención del autor, lo cierto es que estas esquinas oscuras y crueles del deseo no son en absoluto exclusivas al amor homosexual.

El egoísmo, la venganza, la fetichización del objeto de deseo y de su posición social hacen parte del intercambio sentimental heterosexual. Lo que sí se logra con la representación de la homosexualidad es anclar estas esquinas oscuras en preguntas básicas de orientación sexual e identidad. Quizás la obra de Mishima logra desplazar todo el rango del deseo a este territorio en cuestión, este interregnum que no se deja domesticar por los discursos del amor tradicional.

Hoy en día nos encontramos sumergidos en un deseo de aplanar todas las diferencias... el deseo homosexual se ha ido convirtiendo en uno de esos caminos pálidos donde la carne se iguala toda en los contronos clásicos del hombre musculoso, de la lesbiana de labial y gimnasio... a la vez que se le domestica con los mismos rituales con los que la sociedad niega los pliegues de nuestra piel y reseca las emanaciones lúbricas en aquellos lugares que le ocultamos a los ojos de los demás.

Para entrar en la situación concreta de la novela, Shunsuké es un autor consagrado ... y anciano. Es además muy feo. Su vida ha sido la acumulación de rechazos eróticos. Una de las mujeres que lo ha rechazado es la joven Yasuko... a quien sigue y observa. Y, através de ella, el escritor encuentra el cuerpo más hermoso que ha visto jamás y que resulta ser el de un muchacho: Yuichi. Shunsuké se reunirá con el bello joven para proponerle un juego de manipulación del deseo femenino, con la motivación de vengarse de aquellas que lo han rechazado. La primera vez que Yuichi aparece es descrito de la siguiente manera:

". . . en medio del mar azul apareció un rizo del que se alzaba blanco rocío, como si fuese la cresta de una ola. Aquel rizo avanzaba en línea recta hacia la playa donde se encontraba Shunsuké. Cuando hizo pie, el nadador se alzó entra las olas que rompían. El rocío ocultó por un instante su cuerpo, y entonces reapareció. Avanzó hacia la orilla dispersando el agua con sus robustas piernas." (El color prohibido 37)

Y luego, el narrador se focaliza en el cuerpo, como si su visión abrumara a Shunsuké... desde esa mirada del autor feo, el pasaje compara a Yuichi con estatuas griegas, delinea los hombros, los brazos, el torso, la cintura, las piernas... cayendo... retirándose hacia la arena y luego se desplaza al trasfondo, con el mar en retirada, mientras su perfil todo brilla con el sol. Y entonces la atención se centra en los detalles del rostro, donde radica la naturaleza tan básica de esta belleza:

"La línea perfecta de la nariz y las recias mejillas daban a su rostro el aire de un animal que aún no conoce más que la nobleza y el hambre. Y esto, junto con la mirada oscura y fría, los dientes blancos y fuertes y la languidez con que movía los brazos de un modo inconsciente, aumentaba todavía más su aspecto de joven lobo. Sí, las suyas eran las bellas facciones de un lobo." (El color prohibido 37)

La belleza física de Yuishi es descrita con una atención deleitosa. Es algo que aparece ante la mirada del escritor y este asume que es algo salvaje y peligroso, inocente y a la vez acechante. Para el final del primer capítulo queda claro que el escritor cree ver en la belleza una correspondencia con la violencia y la muerte. Una desigual relación con el entorno hace que ese cuerpo se eleve por encima de todo y, desde allí, pueda ser escondite de un depredador. Al seguir los pensamientos de Shunsuké, resulta claro que la depredación proviene de las maquinaciones del viejo, al tratar de convencer al joven de casarse con Yasuko. Le dice que ya que tendrá que hacerlo al fin, mejor hacerlo de una vez. Al fin y al cabo, sugiere Shunsuké, el matrimonio es

". . . algo tan insignificante que se lo puede considerar sagrado." (El color prohibido 43)

Se llega aquí al quid del asunto: el escritor ha creado un terreno vacío de significado donde flotan tanto el matrimonio (convención social) como una visión de lo sagrado (como convención religiosa). Y al cabo de un rato, el narrador asume el punto de vista de su viejo corruptor para afirmar:

"Para Shunsuké, tan sólo pensar que un matrimonio como aquél causaría la desdicha absoluta de una mujer era algo magnífico. Estaba seguro de que, con la ayuda de Yuichi, podría enviar al convento a un centenar de jóvenes vírgenes. Por primera vez en su vida, el viejo escritor descubría su verdadera pasión." (El color prohibido 43)

Nótese la resignificación del terreno vacío del matrimonio y lo sagrado. Ahora se cargan de sentido gracias a que se convierten en herramientas de perdición para las mujeres. El escritor ha convertido lo trascendental en un sinsentido solo modificable gracias a su intervención oscura: su deseo de venganza y la certeza de que producirá desdicha.

El narrador nos sugiere tomar distancia de la actitud del viejo escritor al afirmar que

"Su obra entera no era más que una errata. . ." (El color prohibido 253)

Este hombre, pues, oculta tras su erudición y sus juegos manipuladores una simple y llana verdad: se trata de un misógino.

Estoy convencido que la base de la misoginia es una profunda estupidez, una que se puede disfrazar de mil formas de astucia e inteligencia de apariencias. La misoginia es la mayor errata, por cuanto la equivocación se ejecuta en el nivel de la correspondencia entre los signos y los referentes: Shunsuké es un tipo de misógino especial, que equivoca el desprecio de las mujeres, convirtiéndolo en referente de una agresión a él... una ofensa que requiere una venganza. Y sólo la venganza le permite llenar de significado esas convenciones religiosas y sociales de las cuales ha sido excluido por su fealdad.

Quizás el error fundamental que comete Shunsuké es no anticipar que su propia acechanza se volverá en su contra. No anticipa que quedará él mismo obnubilado por la belleza de Yuichi. Y Yuichi mismo es incapaz de controlar la potencia seductora de su propia belleza. Sin anticipar detalles de la trama que podrían arruinar la lectura, puedo afirmar que la violencia, la sumisión y la muerte se entrelazan al tipo de deseos que orbitan alrededor del cuerpo de Yuichi.

El matrimonio Kaburagi parece estar constituido por dos víctimas del plan de Shunsuké, pero pronto descubrimos los escabrosos rincones de su relación. El secreto de su sexualidad está marcado por la extorsión y la degradación.

Kyoko, por su parte, es presentada al principio como una altiva mujer, frívola y orgullosa; pero la trama la pondrá bajo un horrible juego sexual desplegado en la oscuridad de una habitación de hotel.

Minoru Watanabe es un joven amante de Yuichi ... uno de muchos... pero este destaca en que es realmente hermoso... y en que tiene una relación con otro hombre, Fukujiro, que desemboca en un deseo sexual donde se enlaza una horrible agresión.

"Fukujiro se abalanzó sobre él. Tenía una cuerda, con la que ató las manos del muchacho. Con el resto de la cuerda, le dio varias vueltas al pecho. Al mismo tiempo le presionaba la cara con una almohada, para ahogar sus gritos, apretándola con la frente mientras lo ataba." (El color prohibido 474)

Este episodio no describe una práctica de BDSM establecida en dinámicas de deseo, sino que constituye un repentino estallido donde la humillación (y no el goce erótico) está en el centro de la motivación del personaje. Este joven descubre, sin embargo, que igual de dolorosa será la decepción al comprobar que el Yuichi real dista mucho de ser el héroe de películas que él soñaba.

Tanto Yasuko como su suegra (la madre de Yuichi) se encuentran enredadas en la maraña de relaciones del joven hermoso. La realización más perversa de la novela es, quizás, que la verdad oculta de Yuichi tiene impactos muy limitados en las condiciones de vida de estas mujeres. Sí, hay dolor y sufrimiento, pero no hay una justicia o un actuar que las desvincule de él.

Dejo al lector de esta lista de pequeñas tragedias emocionales con una escena que ilustra la capacidad de Mishima para sugerir la temática entre las líneas de un episodio que conduce al cierre del desarrollo de Yuichi.

Al dirigirse a casa de Shunsuké, Yuichi se distrae ante un incendio que consume un cabaret. La descripción, me parece, llega a su clímax cuando se describe la acción de un bombero cuyo tamaño parece diminuto en contraste con el fuego con el cual batalla:

"La visión de la sombra minúscula y negra de un hombre que luchaba contra las fuerzas naturales y la muerte parecía producir a la multitud la clase de placer obsceno que procura la visión de un hombre en el momento en que revela su verdadera naturaleza." (El color prohibido 576)

El hecho de dedicar tanta atención a algo tan accidental como toparse con un incendio en el capítulo final... justo cuando el personaje va a confrontar a quien ha estado jalando los hilos de las catástrofes sexuales en su vida; este hecho, pues, obliga a que el lector repiense el marco general del desarrollo de la acción en la novela. Hay un placer profundo y oscuro... que no por ser tal es menos verdadero. Es inevitable. Invoca a la mirada. Llama a cada cual a jugar su papel. Y en el personaje de Yuichi deja una marca indeleble. Era

"una extraña energía del caos que había penetrado en su cuerpo y hacía que fermentase en él una alegría inexplicable." (El color prohibido 578)

El color prohibido es la historia del autoengaño de Shunsuké, quien piensa que puede desplegar estas fuerzas naturales, sin que se vuelvan en su contra. Piensa que ha prendido un incendio de lujuria y lúbrica deglución de lo bello. Pero él es solo un agente más en un estallido indeterminado de fuerzas pasionales. ¿Será el acto final de Shunsuké un intento obstinado de autoengañarse?


Creo que la norma de nuestra actualidad es una paradójica correspondencia entre radicalismos crueles que se proponen desarticular creencias básicas de nuestra humanidad... y otros radicalismos bonachones que quieren pretender que todo lo que caiga fuera de los discursos de "bienestar", "resiliencia", sea tabú. De cualquier forma, quedamos a merced de fuerzas que no queremos ver porque nos resultan incómodas en su verdad. Podemos ser mejores... pero siempre habrá esas pulsiones que estallan, como si fueran llamas de un fuego subterráneo abriéndose paso hacia las vitrinas de un almacén donde se venden solo cosas bonitas y buenas, o solo lujosas y autoindulgentes. El vidrio de las vitrinas estallará y las masas que lo presencien serán dos: los crueles saciados con su propia riqueza y los bondadosos satisfechos con su propia superioridad moral. Y serán

"Como mariposas nocturas alrededor de una llama . . ." (El color prohibido 577)

Bogotá, D.C

Mayo 9 de 2026


 
 
 

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