- Carlos Mejia
- Jul 6
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La electricidad del gato modernista y un colofón pseudo-político. Sobre Soy un gato de Natsume Sōseki

En El animal que luego estoy si(gui)endo, Jacques Derrida (2006) nos ofrece una escena en la que se da cuenta de que su gata Logos lo mira y él experimenta vergüenza ante esa mirada no-humana. De allí surge toda una digresión acerca del antropocentrismo y la posibilidad de superarlo. No voy a entrar en detalle con respecto a la deriva derridiana al respecto, pero pensé en esa escena cuando leía Soy un gato, de Natsume Sōseki (1905), obra que le dio el reconocimiento a su autor... y, sobre todo, porque el de Sōseki es un gato que encarna la crítica a la modernización japonesa relacionada con el periodo Meiji (1868-1912).
Cien años antes que Derrida, ya Sōseki planteaba como génesis de su acercamiento modernista a la narración la mirada de un gato cuyo "dueño" es un académico dispéptico, ridiculizado y disminuido por las pequeñeces de la vida burguesa.
Si Derrida deja que la mirada de su gata de pie a emprender uno de sus juegos de descentramiento (del antropocentrismo, en este caso) a través de sus procedimientos deconstructivos; Sōseki parece estar bifurcado entre los diálogos y (algunos) elementos biográficos del maestro Kushami (también "Estornudo") y la discursividad del gato sin nombre desde el cual el lector observa la acción de la obra.
Kushami es un maestro dispéptico que choca con la personalidad de sus amigos y ex-alumnos Meitei (burlón y charlatán) y Kangetsu (estudiante dedicado y que parece llevar encima cierto prestigio). Pero sus conflictos principales ocurren con su esposa, debido a los comentarios que él hace acerca de un área calva en la cabeza de ella; con sus vecinos los Kaneda; con los jóvenes pupilos de la Escuela de la Nube Caída.
Kushami es visto de manera burlona por el gato que se ha autoinvitado a vivir en la casa. Para el animal el comportamiento de Kushami es frecuentemente ridículo o risible... casi tanto como lo es el comportamiento de cualquiera de los demás personajes humanos de la obra.
Pero nuestro gato es también el centro de algunos conflictos. Los momentos claves que involucran este tipo de conflicto son las discusiones con un gato vecino y su fascinación por Shiroku, la gata de otra de las vecinas. Pero quizás el conflicto más gracioso involucra su enfrentamiento con los ratones. El gato reconoce su falla como gato casero por no poder poner a raya la invasión de los roedores y decide enfrentarlos con resultados hilarantes para el lector, aunque muy frustrantes para él.
Se podría hablar sobre las referencias a la guerra ruso-japonesa que tuvo lugar poco antes de la publicación de la novela. Se podría hablar del simbolismo reiterado del gato y su relación con el icónico maneki neko, o con la proliferaciones de novelas cuyo personaje central es un gato. Podría centrarme en la trama amoroso-burlesca entre Kangetsu y la señorita Kaneda, o concentrarme en las referencias a narices que recuerdan la maravillosa novela de Laurence Sterne The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman [No podría dedicarle mucho a las relaciones con obras clásicas de la poesía y la narrativa japonesas debido a mi limitado conocimiento de las mismas]. Podría dedicarle algunas líneas al humor con el que Sōseki se refiere a sí mismo y otras figuras literarias de su círculo en la novela.
Todo lo anterior se engloba, creo, en un deseo narrativo de encapsular las coordenadas de formación subjetiva con la herramienta burlesco-distanciadora de usar a un gato como voz narrativa.
Es burlesca en cuanto se burla de la racionalidad de los discursos humanos sobre el amor, la guerra, las diferencias entre clases sociales, la cultura literaria. Esto se logra al integrar dicha racionalidad a las apreciaciones gatunas acerca de la ridiculez humana, las injusticias de las que son capaces los humanos. Son las burlas de un observador agudo.
La distancia resulta de una voz que se presenta como ajena, como perteneciente a un ser que no hace parte de nuestra especie. Las apreciaciones vienen desde la figura lejana de un gato que lo ve todo pero a quien nadie realmente ve, como se aprecia particularmente en la escena en la que el animal entra al sauna para espiar conversaciones. Esta posición marginal del gato le sirve justamente para alcanzar esa visión tan aguda acerca del ridículo que hacen los humanos al quedar sometidos a un presente donde sus relaciones se van definiendo por la confrontación, la competencia y el engaño.
Pero, ¿cómo es que el gato tiene toda esta información?... Para cuando uno va en la página 300 (de la traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés), ya uno se ha resignado a que responder esa pregunta es innecesario e improcedente en esta narración... y entonces llega uno a la página 412, donde nuestro narrador se burla justamente de esta pregunta:
"Yo solo soy un gato, y para remate sin nombre, y es seguro que habrá mucha gente que dude de la capacidad de un felino para leer e interpretar los pensamientos de su dueño. Pero eso no es nada si se tienen en cuenta mis otras capacidades . . . Poseía, por ejemplo, el don de adivinar los pensamientos de la gente. ¿De dónde me venía ese don? No merece la pena romperse la cabeza para hallar esa respuesta. El hecho indiscutible es que poseía esa cualidad y punto." (Soy un gato 412)
Yo sentí que el narrador me callaba. No preguntes. ¿Qué importa? Es como preguntarse cómo un narrador omnisciente puede entrar y salir de los pensamientos de los personajes cuya trama sigue y relata. Pero en seguida, nuestro gato vuelve a lanzarnos una curva:
"Cuando dormía sobre las rodillas de alguien, rozaba mi cuerpo contra el suyo. En ese momento se originaba una especie de corriente eléctrica que me transmitía toda la información de lo que bullía por el interior de la persona que me acogía. En una ocasión, . . . [el maestro] comenzó a acariciarme con suavidad, y en medio de sus caricias me di cuenta de que en realidad estaba pensando en despellejarme para hacerse un chaleco con mi piel." (Soy un gato 412-13)
Este episodio tiene la virtud de redirigir en múltiples ocasiones nuestra apreciación del narrador y del personaje Kushami. Aquí, la electricidad es la responsable de que podamos asistir a los pensamientos y apreciaciones de un gato. Se trata de una explicación sin desarrollo y sin antecedentes en la narración y que acaso resulte de comentarios que hicieran los lectores de las aventura de Gato, ya que la novela se publicó primero por entregas en una revista literaria (que aparece referenciada dentro de la novela misma).
No pretendo afirmar ni demostrar que así sea, pero ciertamente sería una explicación para el repentino deseo de aclararle a la audiencia cómo es posible que un gato entienda tanto a su dueño, que conozca lo que siente y piensa (incluso si él no hace dichos pensamientos y sentimientos evidentes). Nunca se nos aclara cómo es que esos pensamientos se trasladan a un papel... de nuevo, no preguntes. No importa.
Lo que sí puedo afirmar es que en la experiencia lectora, genera un repentino movimiento de ideas acerca de la pregunta: ¿por qué es que los gatos se le refriegan a uno todo el tiempo para de repente irse? Es lugar común la idea de que el gato va a lo suyo, te marca como parte de su territorio y luego se aleja, es acaso un depredador territorial, es acaso un individualista acérrimo, es acaso un manipulador emocional, o es simplemente un ser que busca contacto afectuoso con otros cuerpos a cuentagotas.
El final de la cita arriba mencionada, sin embargo, pone de manifiesto que tras esas dudas nuestras como humanos, late en realidad lo poco confiables que somos. Tenía razón Shiroku al principio de la novela cuando, al contarle cómo el shoshei de su casa se deshizo de sus crías nada más tenerlas, afirma que
". . . era imprescindible que nosotros, los felinos, entabláramos una guerra total y sin cuartel contra los humanos." (Soy un gato 12)
Y luego, la gata Mike, tanta razón como Shiroku, al reflexionar sobre la tendencia de los humanos a despojar a las demás especies de sus "derechos de propiedad". El humano decide cuáles gatitos viven, el humano decide lo que es de su propiedad... a pesar de no tener las capacidades eléctrico-modernas del gato Sōsekiano gracias a las cuales entiende lo que piensa y siente aquello que toca.
Que curioso que 120 años después haya campañas políticas basándose en imágenes felinas (de grandes felinos para ser más precisos, pero no por ello abiertamente obvios) para anclar en el alma de sus seguidores afirmaciones como que, por ser humanos podemos disponer de todos los recursos y vidas a nuestro alrededor... y despojar aquello que nos beneficie tener de otros que dependen de lo despojado para sobrevivir.
6 de julio de 2026
Bogotá, D.C



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